Día Martes 2
Dormir en la cama de Eolo es una experiencia que vale destacar
como algo maravilloso.
Mi cuerpo, sí, deseaba descansar, pero estar entre las sabanas
suaves, tibias,en almohadas mullidas…
es algo que cuesta abandonar.
La luz del amanecer es mi despertador para disfrutar
de mi último día lo mas posible.
Rober ya estaba listo con las bicis y la mochila con las telas.
Fuimos a
Dejamos las bicis, y continuamos a pie.
Allí nos esperaban las bandurrias, varios tipos de patos
y las estrellas…los flamencos.
La instalación que hicimos, tuvo como motivación,
el no ahuyentar a las aves. No molestarlas.
Rodeamos la laguna y comenzó una dulce melodía
ente la tierra, el agua y una leve brisa.
Las aves nos observaban….que es eso? Se dirían….
Eolo no tardo en hacerse presente.
El correr, junto al viento, fue una de las sensaciones
de libertad mas grandes que tuve.
Rober siempre unido al sentimiento logro fantásticas tomas.
Los flamencos también volaron.
A la tarde, tuve que partir.
Me despedí con abrazos de todos.
Di las gracias por haberme recibido, hospedado
y brindado tantas cosas maravillosas.
Por sobre todo, haber podido vivenciar Eolo
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